
El 3 es un número sagrado, mágico, o cuanto menos inquietante. Esta excusa me sirve, o bien, le sirve a mi obsesión como punto de inicio para este trabajo: tres fuentes emisoras de imagen; tres músicos imrovisando a partir de una de ellas; treinta y tres minutos de duración. El tríptico como idea generadora de la composición, desde la pintura sacra hasta las crucificciones de Bacon, en este caso los tres planos son: imagen, sonido y azar. Tres estados de energía retroalimentándose con el ritmo interno que cada espectador pueda imponerle. Por último otra vez lo ritual, la pornografía se me figura acá como el paraíso de los condenados.
Omar Grandoso

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